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martes, 19 de marzo de 2013
Las bocas cocidas
Cuando me pidieron que escribiera mi cabeza se volvió hacia adentro, hacia un vórtice de vacío puro. Tensioné los dedos y la pluma quedó estancada en el aire. Me preguntaron si me sucedía algo, si me sentía bien. Los miré sin mirar, con el filo de los ojos, con la sangre hirviendo de miedo. Asentí, nada más. Uno de ellos me dijo que no fuera tímido, que todo iba a salir bien, que yo tanto había escrito y tan bien que no podía apichonarme por un modesto público. Traté de sonreír, de demostrarles que estaba vivo, que no los ignoraba, que ellos existían para mí, que su pedido era tan importante como respirar. Y respiré. Hondo, tragándome el universo entero. Miré la hoja en blanco. Algunos me alentaron; creo que se divertían con mi sufrimiento. Bajé la mano, apoyé la lapicera en el papel, y escribí esto que ustedes están leyendo ahora. Ellos no lo verán hasta que termine, y yo no volveré a verlo luego de terminar.
domingo, 17 de marzo de 2013
Cerrar la verdad para afuera
No soy yo el que escribe sobre mí, diría una tímida autobiografía entre sus primeras entradas, salvándose, o creyendo salvarse, del yo, del otro, del qué sé yo, no sabía que sabía quién era. Porque hablar de uno, para la mayoría, es caminar hacia el patíbulo con ganas y culpa, saberse en los otros es menos agradable de lo que se puede creer.
No soy la luz que te ilumina, soy el trueno que te revienta los tímpanos. No nos confundas.
No soy la luz que te ilumina, soy el trueno que te revienta los tímpanos. No nos confundas.
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