Entradas populares
-
El mundo está patas para arriba, para abajo, para los costados... Ya ni sentido de la dirección se le puede encontrar. El capitalismo, cada ...
-
Querer creer es una falacia. Creer es una imprudencia. No creer una idiotez. Si uno pensara en estas cosas terminaría siendo un inútil, un ...
-
Cuando me pidieron que escribiera mi cabeza se volvió hacia adentro, hacia un vórtice de vacío puro. Tensioné los dedos y la pluma quedó est...
-
No soy yo el que escribe sobre mí, diría una tímida autobiografía entre sus primeras entradas, salvándose, o creyendo salvarse, del yo, del ...
martes, 19 de marzo de 2013
Las bocas cocidas
Cuando me pidieron que escribiera mi cabeza se volvió hacia adentro, hacia un vórtice de vacío puro. Tensioné los dedos y la pluma quedó estancada en el aire. Me preguntaron si me sucedía algo, si me sentía bien. Los miré sin mirar, con el filo de los ojos, con la sangre hirviendo de miedo. Asentí, nada más. Uno de ellos me dijo que no fuera tímido, que todo iba a salir bien, que yo tanto había escrito y tan bien que no podía apichonarme por un modesto público. Traté de sonreír, de demostrarles que estaba vivo, que no los ignoraba, que ellos existían para mí, que su pedido era tan importante como respirar. Y respiré. Hondo, tragándome el universo entero. Miré la hoja en blanco. Algunos me alentaron; creo que se divertían con mi sufrimiento. Bajé la mano, apoyé la lapicera en el papel, y escribí esto que ustedes están leyendo ahora. Ellos no lo verán hasta que termine, y yo no volveré a verlo luego de terminar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario